Donde la oscuridad penetra

Donde la oscuridad penetra

Novela Policiaca

Hamlet Alcántara

Foto: José  Gabriel López Mejía

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La segunda parte del relato del Coronel siguió en el mismo tono. Había estado navegando entre dos aguas sin saberlo y creo que por lo visto tendría que seguir haciéndolo.

Todavía estaba impresionado y de pronto hacía preguntas que me delataban.

– ¿Quiere decir que la Morena está muerta?

– Mira Calavera se que estas impresionado, pero eres un viejo policía y sabes como se mueve todo esto.

– Sí. No lo voy a negar. Pero eso es muy distinto a formar parte de una guerra sin saberlo.

– Te he salvado el pellejo muchas veces. Ahora te ofrezco mi respaldo una vez más para que salgas de todo esto.

– ¿Cómo? ¿Fugándome de aquí?    

– Eso o salir en un ataúd.

– También está la ley.

– No tienes mucho tiempo Calavera, además hay todavía más cosas que debes tener en cuenta: los hermanos Malacón han logrado corromper a las instituciones encargadas de la impartición de justicia. ¿Qué ya se te olvido la persecución que inició Asuntos Internos o las notas del periodista? Tú sabes que las cosas no siempre se resuelven de maneras muy ortodoxas. Estas en un embrollo y la única forma de salir pronto de él es apoyarnos. Quizás es tu única oportunidad de sobrevivir aquí. Es cierto que tenemos amigos, sino no estaría aquí charlando contigo, pero también tenemos enemigos y esta la gente de Zataraín.

Sigues vivo porque de alguna forma Zataraín piensa que puede convertirte en su aliado, y eso lo debemos aprovechar.

– Veo que ha pensado en todo Coronel.

– En gran parte hemos llegado hasta este punto por ti.

– Y me hubiera gustado saberlo antes.

– Bueno tú pensaste en mí para entregar a Esteban Blanco, porque no tenías en nadie más en quien confiar ¿No es así?

Me quedé sin palabras. 

– Te pido que sigas confiando en mí.

En verdad no tenía muchas opciones. No es que el Coronel hubiera descubierto el hilo negro, ni tampoco que yo no supiera como son las cosas en la calle, pero eso no dejaba de sorprenderme. Una cosa es saber cómo corre el agua, y otra muy distinta es estar en la corriente y ponerte a remar contra ella.

– ¿Me imagino que ya tiene algún plan?

– Estamos ultimando los detalles, pero lo principal es que encuentres la forma de acercarte a Paulino y te ganes su confianza.

– Hay algo que no me queda muy en claro Coronel. Si este amigo controla todo desde aquí ¿Qué le hace pensar que quiere salir?  Después de todo aquí tiene protección y está a salvo de sus enemigos.

– Estar encarcelado siempre es una desventaja mí querido Calavera. Además tenemos informes que ya antes ha querido escapar.

Su cautiverio ha fortalecido a los hermanos. Bueno a Lucas, que es el único que se encuentra libre, y sus negocios no van como el quisiera. Algunos de sus proveedores han ido desapareciendo y necesita con urgencia buscar nuevos contactos.

– ¿Y por qué cree que querrá mi ayuda?

– Bueno eso es parte de lo que tú tienes que lograr. Creo que esta visita te será de mucha utilidad. Como te dije antes por aquí todo se sabe. Por eso he realizado todo este despliegue estratégico. Traerte hasta este privado, vestirme de esta forma. No cualquier reo puede presumir de estos privilegios, ni tampoco traer esta cantidad de dinero…

El Coronel sacó un fajo de dinero que puso en la mesita de centro y me hizo un ademán para que lo tomara.

– Tienes que alardear un poco pero con mucho cuidado. Eres astuto y confío en que sabrás apretar los botones adecuados. Primero tienes que creerte lo que vas a decir y estar convencido de que puedes organizar la fuga que planeas.

La primera parte del plan es siempre contestar que no piensas estar mucho tiempo aquí…

– Bueno ahí si ya le gané el jalón, porque ya he dicho eso, aunque no me creen.

– Ahora comenzaran a hacerlo. Ahí tienes dinero suficiente para comprar una carraca y pagar a uno de los mandaderos.

De uno de los bolsillos de su saco sacó una bolsita de plástico con polvo blanco.   

– Has pasado de ser un policía perseguido a un expolicía corrupto con mucho dinero, y conectes en el Cártel. Esto es un regalo para Paulino y tu amigo el Santi.

Me volvió a dejar sin palabras.

– Te aseguró que les gustara el regalito. Es una llave, puedes decirles que hay más de donde salió esta y que quieres distribuirla dentro y fuera del penal. El resto es asunto tuyo.

Agarre el dinero y la droga y me lo escondí entre mis ropas.

– No te preocupes nadie te va a revisar, pero tampoco te confíes. Eso va también para lo que hablas de aquí en adelante. Se muy cauteloso.

– Seguramente van a tratar de indagar sobre usted.

– Nada de nombres ni rangos. Sólo responde lo que ya te dije antes: que soy un amigo tuyo exmilitar, nunca les dejes claro si soy mexicano o no, que ahora estoy metido de lleno en el Cártel, que tengo buenos contactos en Sudamérica, y que te voy a sacar de aquí muy pronto.

Abrí la bolsita con cocaína y con sólo probar tantita con la punta de la lengua se me entumió todo el hocico.

– ¿Bueno y si les gusta esta madre y me preguntan detalles?   

– Casi se me olvidaba –de nuevo se metió las manos al saco y me dio un pequeño celular –sólo tiene un contacto que dice Patrón, ese es el número al que me puedes marcar. No te preocupes por el crédito y si quieres saber tu número ahí está escrito en un pequeño tape pegado al reverso, memorízalo y deshazte de él. Procura tenerlo en silencio. No está por demás ninguna precaución.

Estaremos en contacto pronto. 

Antes de marcharse el Coronel me recordó que también teníamos enemigos dentro del “Veci” y me pidió mucha discreción. ¡Cabrón! Como si no supiera. Después de todo al que se va a cargar la chingada si algo sale mal es a mí; no a él. 

Continuará, siguiente capítulo el próximo lunes.

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